Hablando de Arte

Armando Mesías

www.armandomesias.com

Desde pequeño me crié con la idea que el arte eran sólo manchones, gente cortándose los dedos y textos imposibles de entender, fabricados por gente aburrida y sin plata, para gente más aburrida generalmente con exceso de plata. Sin medias tintas. Siempre me gustó dibujar, pero la idea de ser artista (por no mencionar 'vivir del arte') estaba siempre nublada por el parco cliché con el que el arte contemporáneo se me presentó en la infancia. En mi casa se trabajaba, se estudiaba, o se veían películas con explosiones, tetas y robots. No crecí rodeado de filósofos, poetas, escultores ni de nadie con la intención o disposición de que me interesara por entender las vanguardias, o relacionar movimientos artísticos con eventos históricos o fenómenos sociales. 

Mi amor por el dibujo, la pintura, el diseño y la música creció y se volvió tan fuerte con los años, como mi jartera y repudio a ese mundo del arte snob y excluyente del que nunca quise hacer parte. Esto, naturalmente, generaba un conflicto que crecía a la par. Y es que muchas veces parecía que no podía existir lo uno sin lo otro. Así que para no volverme loco comencé a tratar de entender de qué se trataba ese arte de ricos, y si era verdad que estaba hecho para sólo unos pocos. 

Sin darme cuenta fui recorriendo muchos caminos adyacentes al de ese arte puro y duro que había estado evitando. Antes de cumplir 25 años estudié diseño industrial, toqué en una banda un tiempo, me volví director de arte por profesión e ilustrador por vocación. De manera más orgánica que forzada, la brecha se fue cerrando para mí. Ya no tenía que hablar de 'arte', sino de 'ilustración'. Y la ilustración está en las revistas, los CD's y las cajas de leche, eso no daba miedo ni pereza. Ya no tenía que pensar tanto en escultores, maestros, o compositores, sino en guitarristas, grafiteros y diseñadores. Y de repente todo comenzó a volverse lo mismo. Y de repente el "arte" se volvió algo para disfrutar en lugar de entender. De la misma manera en la que uno no tiene que entender qué diablos significa 'cruzar el Niágara en Bicicleta' para bailar un merengue apretado y sabroso. 

Me di a la tarea, al menos en la teoría, de ser un vocero y precursor de 'el arte para todos'. De acercar lo más posible a mis amigos y a mi entorno que también creció viendo motos, granadas y culos, a ese fantasma enigmático que era el arte. De mostrarle a la gente que le rueda los ojos a las pinturas de Pollock y a las piezas de performance de Ulay, que se trata más de sentir que de saber. Creo que aun falta (o quizás siempre falte) camino para que esto se convierta en una verdad universal, como siempre debió ser. Quizás es labor del artista que todo lo que haga invite más a la gente a entretenerse que a psicoanalizarse. 

Veinte años después soy yo el que pinta mamarrachos y manchones que posiblemente hacen sentir a alguna gente como me sentía yo antes. Pero de pronto (sólo de pronto) hacen sentir a otra gente feliz, y ya.  

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